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Sobre la Bandera y otros símbolos.

Sobre la Bandera Nacional y otros símbolos.

Los reinos de la Reconquista usaban distintos pendones que representaban la fragmentación de aquel momento, tanto así que en Las Siete Partidas fue necesaria su reglamentación. Conforme se iban unificando los reinos mediante matrimonios, el escudo de armas de los reyes se constituyó en la Bandera. Pero debido a la necesidad de distinción en los mares, Carlos III en 1785 acordó adoptar la actual bandera que ha sido un símbolo de distinción desde entonces. En tierra, los ejércitos seguían haciendo uso de sus pendones, por lo que finalmente en 1843 se impuso también la Bandera Nacional. Desde entonces se ha mantenido invariable, salvo el paréntesis de la II República.

La II República terminó en desastre, y con ella su bandera; actualmente sólo portan esa bandera fuerzas antisistema enemigos de España. Es interesante recordar que los alzados frente a la II República originalmente hacían uso de la bandera vigente hasta finales del mes de agosto de 1936 ˗ Queipo de Llano tomó Sevilla con la bandera de la II República, ˗ en el que recuperaron la Bandera Nacional, al principio con escudo republicano y finalmente con el escudo modificado de los Reyes Católicos, ya en 1938. La República había desaparecido en manos de milicias que combatían con sus propias banderas; no fue hasta que con asesoramiento de Stalin crearan el Ejército Regular de la República y las Brigadas Mixtas a modo del Ejército Rojo de la URSS y recuperaran la bandera segundo-republicana.

            Sería innecesaria la reseña del párrafo anterior si no fuera por la constante traición del PSOE y la izquierda, enemigas de la democracia y de España. Su labor de constante cuestionamiento hace obligada esta matización para superar falsos mitos divulgados por su perfidia.

            Dicho lo anterior, es importante crear una cultura de respeto hacia la Bandera Nacional. No es correcto que sobre ella se superponga un escudo del Real Madrid, porque es una ofensa para los del “Atleti”, o el Betis, o más exactamente para el resto de los españoles, seamos del Real Madrid o no. Esto es especialmente aplicable a ese partido VOX que parece querer apropiarse de ella.

            Es muy gratificante ver como la sociedad reacciona frente a la agresión de sus enemigos, la hidra de la progrez, portando una Bandera Nacional. Pero la identidad nacional no puede quedar en algo superficial, muchas veces relacionada con encuentros deportivos y más restrictivamente de fútbol, ni en canturreos más o menos populares. Igualmente debería promoverse una cultura de solemnidad de la que hoy carecemos, entre otras cosas, por la incultura de maestros y profesores.

            Resulta especialmente repugnante e hiriente que en las universidades sean visibles y se prodiguen banderas segundo-republicanas, el símbolo guerracivilista de la contracultura, de los enemigos de España, de Europa y de la Humanidad. Más escarnio constituye todavía que sean los políticos los que la porten, y mucho más, que violenten las instituciones. No es extraño que un alcalde traidor no respete el ayuntamiento que preside y decida arriar la Bandera Nacional poniendo en su lugar la de la vergüenza, la segundo-republicana, algo que debería estar expresamente tipificado en el Código Penal.

            El respeto por los símbolos y las solemnidades a ellos asociadas debe formar parte de la cultura, y del sistema educativo. La cultura de la falta de respeto no es sólo lesiva para la convivencia y está asociada a la delincuencia, sino que ha provocado más de una guerra. Se observa, por ejemplo, como jueces torpes e ímprobos se muestran tibios frente a delitos como pueden ser el escarnio de confesión religiosa o los relativos al orden público cuando son ofendidos funcionarios en el uso de su función.

            La actual Ley de Banderas no es satisfactoria o, por lo menos, su práctica, ya que en Ayuntamientos nos encontramos con cuatro banderas lo que hace que la Nacional quede poco visible; más bien parecen la puerta de un hotel con pretensiones. Otro tanto acontece en Juzgados y Tribunales, que también destacan por su descompostura; ambas instituciones en su interior no suelen exhibir fotos del Jefe del Estado, y la simbología confusa se entremezcla con consignas ideológicas políticamente “correctas”, especialmente  paletas como pueden ser las derivadas de la ideología de género y otras similares. El Código Penal es igualmente insatisfactorio al contemplar delito para ofensas sólo a dos banderas y con la misma pena, la Nacional y las de las CC.AA. y ambas en igualdad cuando las segundas son entes creados tras la Constitución, y no  previas a ésta, por más que hubiese pre-autonomías establecidas durante la Transición.

            No tiene cabida en pleno siglo XXI el argumentario del siglo XIX, ni todas las excusas y objeciones de la progrez. Es un insulto a la inteligencia. La Bandera Nacional no es la bandera de una dinastía, ni lo es de un régimen, ni la contracultura puede tener un espacio en la vida, so pena de precipitarnos en el abismo del caos que conduce a la guerra. No es posible ponerse de perfil, ni usar la Bandera cuando conviene al político de turno; esto también es de aplicación a esos políticos populistas que pretenden envolverse en ella para ocultar el vacío o la falta de madurez de sus propuestas.

            No fue hasta el 3.02.2007 en el que en la gran manifestación convocada en Madrid por el Foro de Ermua finalizara con el Himno Nacional, cuando se abrió el debate en la sociedad civil, pues el Himno estaba restringido a actos oficiales o, como mucho, a encuentros deportivos de carácter internacional. Actualmente, la involución del PSOE ha servido para que la sociedad civil lo reivindique junto con la Bandera Nacional.

            Ambos, Himno y Bandera (escritos con mayúsculas pues son nombres propios, para distinguirlos de los comunes) corren parejos y se debe institucionalizar su uso solemne evitando su banalización y el uso poco digno que muchas veces se observa en el deporte. La cultura reverencial debe iniciarse en la educación, y precisamente la falta de tal cultura ha conducido a la lacra de una juventud sin referentes, indolente y presa de la canalla de la progrez.

            Entre los actos que deben promoverse está la “Juras de la Bandera” que acontece en los tres Ejércitos de forma bastante emotiva abriéndose a la sociedad civil. Debemos hacer un esfuerzo en su divulgación: http://www.defensa.gob.es/defensa_yo/juras-bandera/

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