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Imperialismo, colonialismo y neocolonialismo.

¿Qué pasará en Venezuela? Los gringos no se enteran. Debería hacerse una película llamada Queimada II con Marlon Brando que le van muy bien esos papeles. Estamos ante una nueva era, la del “neo-neo colonialismo”. EE. UU. sustituyó el colonialismo británico y francés por el neocolonialismo de la ONU y la libre determinación de los pueblos, eso sí imponiendo dictaduras y gobiernos títeres como en Corea del Sur y Vietnam del Sur con la excusa de hacer frente al comunismo en lo que se denominó la Guerra Fría. Ahora llega China y qué hace: compra deuda. Y quien paga, manda. Ya estamos en ello; compró el puerto del Pireo en Grecia… y está comprando deuda venezolana. Cuando los gringos quieran poner un gobierno títere en Venezuela, se encontrarán con que China les dirá a los nuevos gobernantes que tienen deudas, y que en vez de cerrar tratos por ejemplo con la ATT, lo hagan con Huawei… Aplíquese lo mismo en España y en el resto del mundo, que no lo queremos asumir. Nos hemos vuelto paletos.

Mientras, en Occidente, lidiamos con ese monstruo que es Google o ese otro de Amazón, que incluso amenazan a la banca al margen de los parámetros impuestos por el Banco Central Europeo, el que emite los euros, moneda con la que realizamos los pagos. Los gobiernos nacionales no son capaces de imponer una tasa o impuesto a estos gigantes que se sirven de nuestras redes, se apropian de nuestros datos, comercian con ellos y les sale todo gratis. Además, amenazan nuestra libertad. La única esperanza es una Europa cada vez más necesaria que sólo los necios no son capaces de ver su importancia.

Estamos ante una nueva era. El mundo ha cambiado. Ya no hay Pacto de Varsovia, ni la URSS, ha emergido China como primera potencia mundial, y la Unión Europea que en este instante pasa por momentos bajos es una realidad muy diferente a una mera unión aduanera. A Europa no se va a ver qué se saca y sólo se utiliza como caja de resonancia para cuestiones de consumo interno de partidos mezquinos con electorado miope y paleto. Y los EE.UU. siguen como potencia en declive, pero como primera potencia diplomática pues consiguen que ese anacronismo que es la OTAN siga creciendo.

El sábado 9 de mayo fue el Día de Europa. Europa y la OTAN no son compatibles. Si en 1986 cuando tuvimos el referéndum para la permanencia en la OTAN se asociaba esta organización con la Comunidad Económica Europea y parecía como incongruente querer pertenecer a una y no a la otra, las circunstancias al año 2020 han cambiado: ni existe en Pacto de Varsovia, ni es imaginable la posibilidad de los tanques rusos desfilando por los Campos Elíseos. Además, la Unión Europea no es una simple unión aduanera y precisa una política exterior común, y la OTAN obstaculiza esa política exterior. Ni EE.UU., ni Gran Bretaña, ni Canadá, ni Noruega, ni los tres últimos países en entrar, Albania, Montenegro y la República de Macedonia del Norte son Europa. Los intereses de los EE.UU. y de Europa divergen, y las tensiones, acrecentadas con guerra comercial, aumentan.

No existe temor por parte de los EE.UU. de que los europeos (no reconocen a la Unión Europea; a la fuerza ha tenido que reconocerla después de cerrar su embajada) no invirtamos suficiente en defensa, sino que no le compremos sus armas, porque somos un mercado cautivo de los intereses comerciales de armamento de los EE.UU. Tampoco el relato anglosajón de que “salvaron a Europa dos veces en dos guerras mundiales” es cierto; las guerras vinieron por imperialismos, y tras ellas surgieron dos nuevos imperialismos de las que de algún modo los europeos nos convertimos en carne de cañón. Quedó cierto imperialismo residual postcolonial en Gran Bretaña y en Francia, y recientemente en Alemania tras la caída del bloque comunista que es lo que ha dificultado esa política netamente europea que se echa en falta.

Y como la OTAN sólo está para satisfacer los intereses del mundo anglosajón y no de Europa, y para intentar cercar a Rusia, el país con mayores recursos del mundo, la Unión Europea tiene que ir a África a frenar el islamismo radical que supone un peligro y que tiene derivadas como la emigración ilegal. Sola, sin los EE.UU., que están en otra cosa. Y en imponer sanciones a Irán; y a Europa, que tampoco nos libramos (véase el grupo Meliá por sus hoteles en Cuba, o a Repsol…) imponiéndonos a quién hemos de comprar petróleo y vetando oleoductos a su antojo.

Un apunte necesario ya que se trata la OTAN es que no garantiza nuestra integridad territorial: ni Ceuta ni Melilla están en la OTAN (¡?), y Ceuta y Melilla “no son de España”, sino España; tan España como Albacete. Añádase las bases norteamericanas al margen de la OTAN, quizás por la insuficiencia de ésta… No resulta en absoluto congruente dentro de una política de defensa estrictamente nacional para los menos sensibles a Europa.

Pero es que además el distanciamiento ideológico de los EE.UU. de Europa cada día es más patente. Sea por Israel, por Irán, sea por su torpeza en Oriente Medio, sea por la pena de muerte, sea por el sabotaje a la Corte Penal Internacional, sea por sus relaciones con el terrorismo, con Al Qaeda, los talibán… Sí, ¡los marines de USA evacuando a los líderes rebanacuellos de Al Qaeda en sus propios helicópteros! Sólo una opinión pública más pendiente del fútbol e ignorante de forma miserable explica esta inercia pro-norteamericana presente en nuestra sociedad todavía en proporciones vergonzosas.

En las relaciones internacionales queda un gran país, Rusia, el más rico por ser el más extenso y con más recursos, y el que parece que eso del cambio climático le afecta menos, o si lo hace le beneficia en vez de perjudicar. Además de ser la primera potencia en cohetes y tener armamento excelente, muy competitivo en precio y en multitud de ocasiones sin rival. Tiene una alianza con China. Lejos queda cuando en el año 1972 Nixon visitó China aprovechando la tensión entre China y Rusia. Si China y Rusia se entienden dentro de una política de entendimiento y no de imperialismo o colonialismo, los europeos también podremos entendernos con ellos en una sana y constructiva convivencia hasta ahora obstaculizada por las interferencias constantes de los EE.UU. ¿Utopía? No; real política. Observamos la hipocresía de utilizar los derechos humanos como excusa para arremeter contra determinados países y con frecuencia se buscan descalificaciones forzadas, “narcodictaduras”, “comunistas”, etc. Cierto que desde parámetros europeos los regímenes de estas potencias no resultan democráticos, pero tampoco lo es los EE.UU. y no andamos criticándoles por no ser homologables a nuestras democracias, las que también observan deficiencias.

El mayor servicio que podría Europa prestar a la Humanidad sería liderarla, como en potencia política para lo cual tiene potencial. Es la primera por PIB, también en nivel de vida y en otros parámetros de bienestar, y el principal de ellos, en libertad. Es el lugar del Planeta, y del Universo conocido, más avanzado política, social y económicamente y está destinada a liderar el mundo, pero no con imperialismos, creación de bloques antagónicos, sino mediante un nuevo orden mundial. Pero para ello, hemos de creer en Europa y apostar por ella, lo cual redundará en beneficio tanto interno, como externo, incluso de terceros como China o Rusia y resto de la Humanidad.  

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