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El problema de la migración.


En la historia de la humanidad ha habido grandes movimientos migratorios que han dejado huella en el genoma. Fundamentalmente empujados por el cambio climático, a saber, las eras glaciares, lo que provocó la formación de praderas y desiertos, alterado las fuentes de agua, y la subida del nivel del mar. El surgimiento del desierto del Sahara hace seis mil años propició la creación de la civilización egipcia, y Egipto actuó como polo de atracción de todos los pueblos cercanos que se vieron empujados por la creciente aridez del entorno. Y no sólo Egipto; el fenómeno se repite por doquier. En el Neolítico surgieron ciudades-estado protegidas por murallas precisamente por esa circunstancia.

Naturalmente, las civilizaciones avanzadas defendían su bienestar de piratas e incursiones de nómadas y bandidos del desierto. La Gran Muralla China es un ejemplo de ello. En la era cristiana, la migración de los pueblos germánicos empujados a su vez por los hunos provocó la caída del Imperio Romano de Occidente. Sólo una administración eficaz puede evitar la “germanización” y caída del imperio; porque Roma no eran los latinos de la península Itálica, sino el concepto de ciudadanía romana y se extendía a todo el Mediterráneo.

En la Edad Moderna, con el surgimiento de los estados modernos tras el fin de la Edad Media en Europa, el fenómeno de la emigración tuvo que ver con las persecuciones de carácter ideológico-religioso derivado de las guerras. Consolidados los estados, el flujo migratorio de Europa lo era hacia América, fundamentalmente en el siglo XIX.

Y los estados modernos, con fronteras y conceptos de ciudadanía que implican papeles para los de dentro para acreditar su identidad y derechos, y también para los de fuera, llámese pasaporte, para acreditar su estancia y limitaciones, frenaron la migración más que factores la escasez de tierras vírgenes que colonizar, o la cultura y la lengua.

Las primeras leyes de migración las impuso España para garantizar que América no tuviera feudos de judíos y moriscos tan abundantes en el Mediterráneo. Pero fuera de este precedente fue en los EE.UU. y con base racista los antecedentes contemporáneos.

Modernamente, el concepto de nacionalidad se sustenta en el derecho de sangre (ius sanguinis), o por lugar de nacimiento si se cumplen ciertas condiciones (ius soli). Para adquirir una nacionalidad distinta de la originaria, se requiere determinados plazos de residencia legal, lo que obedece a políticas de orden público. Hay dos excepciones: el rechazo a la figura del apátrida, y el asilo político, figuras jurídicas que permiten de forma privilegiada el acceso a la nacionalidad.

Y hasta aquí la teoría. Resulta que África está en guerra toda ella; y si algún estado no lo está, sufre la opresión de la tiranía, la corrupción y la falta de expectativas para la población. Así surgen los “desplazados”, personas que no tienen la consideración de “refugiados” por no haber abandonado su propio país. Las crisis humanitarias no tienen que ver tanto con las sequías y la meteorología cuanto con las guerras. Y con guerras o sin ellas, flujos migratorios hacia la civilización, entiéndase la Unión Europea.

La Unión Europea tiene el espacio Schengen por el que no hay controles fronterizos internos, y sí uno común externo con normativa y protocolos comunes, con cooperación y coordinación entre las distintas policías de los estados que pertenecen al mismo. Con el Tratado de Ámsterdam de 1999, el acuerdo de Schengen se integró en la UE. Incluso terceros países como Noruega o Suiza tienen convenio. Se tiende a una policía común (Europol) y a un espacio jurídico común, con un sistema de extradición común y simplificado.

Una persona a la que se le deniega la entrada en un país de la UE o es expulsado de él, lo es por un mínimo de 3 años y un máximo de 10, y no sólo del estado que le haya denegado la entrada o le haya expulsado, sino de todo el espacio Schengen. El pacto de Schengen estuvo a punto de venirse abajo como consecuencia de la crisis migratoria de 2015.

Los estados que no están plenamente integrados en el espacio Schengen lo son por dificultades técnicas y económicas, no por intereses particulares cual era el caso de Gran Bretaña, evolucionando hacia la plena integración. Además de Noruega o Suiza, otros países disfrutan de ciertos convenios para simplificar trámites fronterizos como la exigencia de visados, particularmente en América con excepciones de países excesivamente subdesarrollados.

En consecuencia, debe ser Frontex, la Agencia Europea de Guardia de Fronteras y Costas la que supervise los flujos migratorios y actúe frente a las crisis humanitarias que acontecen en el Mediterráneo y en la frontera con Turquía derivados de las guerras  “proxy” de los EE.UU. Está previsto el derecho de intervención apoyando a autoridades locales cuando sea necesario, y la Comisión Europea tiene autoridad de carácter vinculante.

Retornando a la inmigración, las políticas se basan en principios de orden público. Otra cosa es la demagogia de los partidos políticos de forma irresponsable; con este tema no se debería jugar. Hay dos opciones: o como turista, generalmente inferior a tres meses, o con permiso de trabajo, mientras dure éste; también como familiar. La concatenación de permisos de residencia por trabajo puede abrir las puertas a la nacionalidad por residencia.

            Así las cosas, en Occidente la inmigración obedece a factores de orden público y son  los gobiernos los responsables. Y frente a la inmigración legal, existe la ilegal, la picaresca y la demagogia. Con ella, la economía sumergida, y la política sumergida, modernas formas de piratería. Luego está otro factor que es la identidad nacional. Al menos se debería exigir el conocimiento del idioma y el respeto por los valores, los símbolos y tradiciones del país anfitrión para no generar problemas de convivencia. Por su complejidad, dejo par a otra entrega el tratamiento individualizado que requiere.

            Estamos en el siglo XXI y el espacio Schengen y Europa es el lugar del mundo más avanzado. Mientras, en nuestras televisiones, eso que llaman “o-ene-gés” insertan cuñas publicitarias para conmover a la sociedad frente a este fenómeno, quizás para acallar nuestras conciencias por haber sido cómplices de esas tragedias mediante nuestras guerras “proxy”, mientras que la siguiente cuña publicitaria será de una agencia de viajes invitando a visitar hoteles y paisajes paradisíacos. Esta situación es enormemente frágil y en cualquier momento se pueden cerrar los aeropuertos si no obramos con inteligencia. Hoy en día se extiende la mentalidad de libre tránsito de las personas, pero eso sólo puede ser dentro de la Unión Europea; incluso para que un estudiante con medios económicos sobrados viaje a los EE.UU. a una universidad de prestigio, le exigen visado y antecedentes penales. Dejo también para otra entrega lo relativo a las crisis humanitarias de África y del Mediterráneo que requiere un tratamiento aparte.

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